82 años sin Annemann

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Una mirada a su trágica historia

Mi intención con este artículo está lejos del sensacionalismo o del morbo. Simplemente, creo que muchas veces somos un poco simplistas a la hora de explicar qué lleva a un compañero mago a una decisión así. Siendo la salud mental una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo, merece un análisis profundo en nuestro ámbito del “entretenimiento”.

La historia que rodea el trágico final de Theodore Annemann se atribuye a menudo a su miedo escénico, pero una mirada más atenta revela una narrativa más amplia de retos que condujeron a este desafortunado suceso.

Muchas personas que le conocían manifestaban que era una persona de tú a tú. En esos encuentros podía ser él mismo. Pero en grupos más grandes se cerraba en banda o empezaba a hacer un truco tras otro. Esto revela un nivel de ansiedad social, y sus amigos afirmaban que normalmente parecía preocupado.

 

Annemann no se encontraba en su mejor momento durante sus últimos tiempos; su fallecimiento fue la culminación de un prolongado periodo de declive. El abuso del alcohol, los enredos legales y los problemas financieros contribuyeron significativamente. Tampoco ayudaron las constantes peleas con su esposa, Jeannette, que, por desgracia, también sufría de alcoholismo.

Se suele afirmar que se suicidó inhalando gas. La imagen es mucho más sombría de lo que solemos imaginar.

Reproduzco aquí la declaración de Jeannette para que se entienda que fue una acción muy decidida, no un impulso del momento. “Le encontré en el sofá con una bolsa en la cabeza y en ella un tubo que iba hasta la estufa de gas”.

 

Este trágico episodio desvela una historia más compleja que el simple miedo escénico. La vida de Annemann estuvo marcada por una serie de dificultades que acabaron por hacer mella en su bienestar. Al comprender la naturaleza plural de sus luchas, podemos apreciar la profundidad de los retos a los que se enfrentó y la importancia de la compasión a la hora de hablar de problemas de salud mental dentro de la comunidad mágica.

A veces, tras los alegres trucos de nuestros compañeros, se esconde un dolor al que quizá deberíamos prestar más atención.

Una leyenda nace… ¿o se hace?

Nadie en su sano juicio negaría que Annemann es el padrino del mentalismo moderno.

Bueno, o de lo que era moderno en los años 20… Es otro tema de discusión el hecho de que un siglo después de su apogeo sigamos realizando los mismos trucos con las mismas técnicas para los mismos efectos con presentaciones muy similares.

Su fascinación se encendió a los 10 años cuando unos amigos le enseñaron el truco de la Copa y Bola de una Caja Mágica Mysto. Su obsesión por la magia interfirió en sus estudios hasta el punto de que su madre Flavilla le quemó el material de magia más de una vez. Esta rencilla se mantuvo durante muchos años. Así se refleja en la carta que Theodore envió a su madre, junto con un paquete con los 50 primeros números de su revista The Jinx:

Querida mamá;

Cuando hojees estas páginas espero que recuerdes cuando quemaste mis libros de magia en el horno. Eso me hizo intentar escribir uno yo mismo.
¿Tienes una cerilla para esto?
Theo.

Sus conexiones con grandes nombres, sus innumerables actuaciones para compañeros magos en los clubes de magia, los extravagantes anuncios de sus trucos, los libros, las geniales rutinas, los brillantes métodos, los 151 números de la impagable revista The Jinx… todo esto por sí solo le sitúa como uno de los más grandes de nuestro arte.

Pero, ¿habrían perdurado su nombre, su legado y su leyenda si no hubiera sido por factores externos orientados al marketing póstumo?

Poco después de la muerte de Ted, Max Holden compró los derechos de sus publicaciones por una cantidad moderada a Jeannette Annemann.

Entonces empezó a inundar las revistas de magia, su enorme lista de correo (5.300 magos en 1942), sus tres tiendas de magia (Boston, Nueva York y Filadelfia) con anuncios de las publicaciones de Annemann. Elogiándolas como lo mejor que se había hecho nunca.

Apenas tres años después de su fallecimiento, Holden publicó la mina de oro ANNEMANN’S PRACTICAL MENTAL EFFECTS, más tarde rebautizado por Dover como Annemann’s Practical Mental Magic en 1983 (y, aún no se entiende por qué, mostrando el retrato de Dante en la portada), uno de los mayores best-sellers de toda la literatura mágica.

Este libro no es más que una recopilación de Paul Crimmins de trucos de varios autores diferentes ya publicados en la revista The Jinx. Un libro más corto es más fácil de vender que toda una colección de revistas. (No obstante, es una de las mejores compilaciones de mentalismo de la historia).

 

El nombre se puso tan de moda que muchos magos empezaron a publicar sus trucos como si fueran colaboraciones entre autor y Annemann para aumentar su propia reputación. O incluso comentarios del tipo “esta rutina incluye algunos consejos que Annemann compartió conmigo”…

Theodore Annemann es indiscutiblemente una de las grandes mentes de la magia de todos los tiempos. Pero, como suele ocurrir con los grandes genios, su éxito, su aura de eternidad y su reputación post mortem fueron construidos en gran medida por individuos astutos que vieron una mina de oro en su legado.

Fernando Figueras

Fernando Figueras

Campus Magico director

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